"Se la entregó a los ingleses". Malvinas y los espectáculos deportivos de 2017
Hace ya varios años
que, leyendo a Eduardo Archetti y Pablo Alabarces
decidí analizar cómo un medio de comunicación muy particular como Crónica
establecía relaciones entre el Mundial de México 1986 y la disputa entre
Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas. Es que aquel
campeonato no solo dejó el recuerdo de una selección argentina campeona mostrando
la mejor versión de Maradona, sino que también sirvió como plataforma para que
las diferentes vertientes del nacionalismo vinculen cada gol de Diego a los
ingleses con lo que había ocurrido en 1982 en aquellas Islas: tan es así que en
los festejos pos victoria sobre el seleccionado de Inglaterra, la quema de banderas
de ese país se convirtió en una postal.
Hace un par de días ocurrieron
dos hechos que otra vez dieron rienda suelta a los discursos nacionalistas y a
que Malvinas sea nuevamente parte de un espectáculo deportivo:

El primero de ellos, la final del Mundial sub 20, más precisamente el momento de la premiación en que un exjugador de la selección argentina entregó el trofeo a los jóvenes del seleccionado de Inglaterra. Esto fue un notición para que un diario tan banal como Olé! publique en su página una nota ‘renegando’ porque “Se la entregó a los ingleses”:
“Tarea nada feliz para un argentino, pero el ex River fue más que profesional y acercó el trofeo hasta el campo de juego, para que luego los jugadores ingleses pudieran celebrar con el mismo”[1].
Entregar la copa fue para Olé una “tarea nada feliz para un argentino”. Pero Aimar sí pudo hacerlo, porque su ‘profesionalismo’ pudo más que su ‘nacionalismo’… ¿Qué hubiese pasado si el campeón era Alemania o Uruguay? Hubiese sido una ‘tarea feliz’ la de entregar el trofeo? ¿¿¿Y si la copa la ganaba Chile???
Superado este ‘momento difícil’, era el turno de que los Pumas enfrenten a Inglaterra en San Juan. Ahí la noticia no fue la derrota del conjunto argentino a minutos de finalizar el encuentro, sino más bien una bandera colgada en la tribuna inglesa con la siguiente frase: "Hay un rincón de tierra extranjera que es para siempre de Inglaterra".
La bandera generó la silbatina del estadio sanjuanino, por lo que inmediatamente debió ser retirada.
Más allá de la
bandera, cuyo principal objetivo fue la provocación, me voy a detener
nuevamente en los medios de comunicación. La noticia, publicada en el diario La
Nación bajo el título “La bandera que enfureció al público de los Pumas: ‘Hay
un rincón de tierra extranjera que es para siempre de Inglaterra’"[2],
desató una gran cantidad de comentarios: muchos de ellos reivindicando la
soberanía argentina de las Islas, basándose en argumentos históricos; otros,
asociados a un posible complot de chilenos que fueron hasta San Juan solo para
poner esa bandera (por ejemplo, “Mucho tufillo a chilena esa provocación, no
creo que hayan sido ingleses”, dice un usuario…); y otros, incluso, se animaron
a definir qué es ser argentino…
“Todo argentino de bien, ama su país y reivindica Malvinas. Punto.
Agrego: todo argentino de bien,
canta el himno fuerte y claro.
Agrego: todo argentino de bien,
no roba, no viola, no abusa ni se droga. Punto”.
O sea… una bandera
puede ser el disparador para que definamos qué es ser argentino y qué no… o mejor
dicho qué es ser “argentino de bien” y qué no…
Cuánta razón tenían
Archetti y Gaspar Arias al afirmar que el fútbol –en este caso, el deporte en
general- actúa como un espacio de construcción y refuerzo de la identidad
nacional, y como tal, la cancha actúa como “un foco de viejos conflictos no resueltos”. El discurso
nacionalista nos interpela al punto de pensar que un partido, o como en el
primer ejemplo la entrega de una copa, nos hace más o menos argentinos, que las
Malvinas son argentinas y que un espectáculo deportivo puede significar una
nueva oportunidad para reivindicar soberanía. Está en el público y en los
lectores reproducirlo o descartarlo. Yo lo descarto!!!

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