El regreso de la Virgen de Luján de Malvinas

En los últimos días cobró masividad lo ocurrido con la Virgen de Luján que acompañó a los argentinos y las argentinas durante La Guerra de Malvinas. Tras el 14 de junio, la imagen quedó en suelo isleño y tiempo después fue trasladada a Inglaterra, a un puñado de kilómetros de su Capital. Treinta y siete años después regresó a suelo argentino.

Hace ya dos años tuve la posibilidad de tener en mis manos una de las placas del cementerio de Darwin con la inscripción "Soldado argentino solo conocido por Dios" y hoy de estar frente a la Virgen. Sin dudas, ambas situaciones me movilizaron; sin embargo, las sensaciones fueron distintas: como me dijo aquella vez Julio Aro, al tocar la placa pude sentir el "frío" de las Islas, ese clima hostil que las caracteriza; en esta ocasión, el busto de la Virgen generó en mí un sentimiento de Paz. Despojado de toda religiosidad, fue una paz inexplicable, que rozó la tranquilidad, influido -capaz- por el silencio del entorno, por personas que se acercaron a admirar algo que caracteriza a esta virgen, la simpleza.

La Guerra tiene y tendrá miles de historias. Historias que conocemos (increíbles, difíciles, emotivas, a veces inimaginadas o, mejor dicho, que desafían la realidad) y otras que con el correr de los años saldrán a la luz. La recuperación de la imagen representa un nuevo impulso para continuar desenredando recuerdos, pues quién sabe cuántas de esas nuevas historias estarán vinculadas con la Virgen.

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